Compartir en facebook->> Compartir en FB
Ads next

Movimientos literarios Dominicanos

Movimientos literarios Dominicanos
El Modernismo
Lo natural era el punto clave, lo propio para resaltar las auténticas creaciones. 
Figuras de renombre: Rubén Darío (Nicaragua) y José Martí (Cuba). 
Obra: “Azul” Rubén Darío y “El Ismaelillo” José Martí. 
Apunte destacado: Fue el primer movimiento latinoamericano en ser escogido por los españoles. 
2 grandes movimientos reconocidos, anteriormente se conocían al Clasicismo, Neoclasicismo y otros. 
La idea central fueron los movimientos de vanguardia, después de sucedidos los grupos de literatura, surgieron a partir de la Generación del 98 en España.
En la República Dominicana la poesía es el género más cultivado. Sus rastros se encuentran en los días de la colonia. La falta de desarrollo económico, el aislamiento impuesto por los ataques de las potencias europeas a España y el sistema de navegación, hicieron de la isla un lugar de escaso desarrollo comercial y por ende cultural. Vino a salir de su marasmo luego de la Revolución haitiana, pero las élites no pudieron desarrollar su capacidad económica en una ciudad letrada de avanzadas. Son contados los criollos dominicanos que estudiaron en Europa y que tuvieran una presencia significativa, además del clérigo Sánchez Valverde, ningún otro fue capaz de incidir con sus ideas en la vida de la región (Fornerín, 2014).

No fue sino hasta finales del siglo XIX cuando apareció la primera colección de poesía  “La lira de Quisqueya” y cuando se forjan los primeros poetas de importancia. Del XIX, cabe seleccionar a Salomé Ureña Díaz, a José Joaquín Pérez y a Gastón Fernando Deligne como voces importantes, que muestran una dedicación central en la poesía, el pensamiento y la reelaboración de un sentido estético.

La poesía dominicana viene a tener cierta difusión durante el periodo del modernismo, donde se destacan una gran cantidad de poetas, entre los que sobresale de manera significativa Fabio Fiallo, quien también contribuyera con importantes cuentos. Así que, no solo en la poesía sino en la prosa, la participación dominicana en el modernismo es significativo. Al malogrado autor Federico Bermúdez cabe tener la fuerza poética para dejar atrás la escuela de Darío, con “Oro virgen” y “Los humildes”; entrada la década del treinta aparecen otros poetas de alcances mayores en las letras hispanoamericanas.

Puede ser descrita la poesía dominicana desde dos metáforas usadas por Heidegger: el suelo y la tierra. Toda la gran poesía dominicana ha tendido una relación mayor entre la tierra y el cielo y se ha separado del corazón, de los sentimientos, del amor. En el modernismo era la hiperestesia humana, en los poetas posmodernistas tenemos la tierra, como relación problemática del hombre con su entorno. Fue Domingo Moreno Jiménez quien, en la década de 1920, siendo un cronista de expresión sentimental sobre la tierra, une la poesía y a la espiritualidad. El corazón es entonces puesto en la tierra, en la poesía de Moreno Jiménez, que busca un lenguaje más coloquial y se aleja del retoricismo, de la poesía como artefacto que Darío encumbró.

Con una visión socializante, con un ritmo que pedía un escenario, llegó Pedro Mir, el más centrado en la tierra, que olvida por completo el cielo. Coloca la poesía en la boca de todos. Es el poeta social, portavoz del pueblo, continúa con ‘los humildes’ de Federico Bermúdez. Mir une la vida a la poesía, transforma el lenguaje modernista, el instrumental de Darío, con la finalidad de construir una sinfonía social. Es el poeta político por antonomasia: tierra, ágora y polísse unen en su decir. Tiene la dimensión nacional, la caribeña y la latinoamericana. Juega en la frontera de los imperios








Las Vanguardias de República Dominicana
El Vedrinismo

Tendencia literaria responsable de la introducción del verso libre a la poesía dominicana. El Vedrinismo no debe considerarse como un movimiento literario en sí, ya que los vedrinistas no elaboraron ni desarrollaron un plan de trabajo definido como lo hicieron los demás movimientos anteriores y posteriores a éste. Vigíl Díaz, su creador, se limitó a la búsqueda de una transformación formal en la poesía mediante la utilización del verso libre, olvidándose de que casi todo lo que se escribía en la Re-pública Dominicana en aquel momento estaba íntimamente ligado al modo de pensar europeo.

Tendencia literaria responsable de la introducción del verso libre a la poesía dominicana. El Vedrinismo no debe considerarse como un movimiento literario en sí, ya que los vedrinistas no elaboraron ni desarrollaron un plan de trabajo definido como lo hicieron los demás movimientos anteriores y posteriores a éste (Contín, 1983).

            La estadía de Vigil Díaz en Francia lo puso en contacto con escritores vanguardistas que abogaban por el rompimiento total de las formas poéticas europeas vigentes, de quienes absorbió los modelos poéticos que posteriormente introdujo en la literatura dominicana. Así lo expone en la introducción a su libro Galeras de Pafos: "Yo he tendido, por supervisión instintiva, a realizar la ambición de que habla Baudelaire a Arsenio Houssage a la ambición de soñar con una prosa poética, musical, sin ritmo ni rima, bastante flexible y  bastante trunca para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del sueño y a los sobresaltos de la conciencia.

Vigil Díaz, su creador, se limitó a la búsqueda de una transformación for-mal en la poesía mediante la utilización del verso libre, olvidándose de que casi todo lo que se escribía en la República Dominicana en aquel momento estaba íntimamente ligado al modo de pensar europeo. La estadía de Vigil Díaz en Francia lo puso en contacto con escritores vanguardistas que abogaban por el rompimiento total de las formas poéticas europeas vigentes, de quienes absorbió los modelos poéticos que posteriormente introdujo en la literatura dominicana.

Así lo expone en la introducción a su libro Galeras de Pafos: "Yo he tendido, por supervisión instintiva, a realizar la ambición de que habla Baudelaire a Arsenio Houssage: a la ambición de soñar con una prosa poética, musical, sin ritmo ni rima, bastante flexible y bastante trunca para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del sueño y a los sobresaltos de la conciencia" (Lebrón, 1994).

"El origen de la palabra Vedrinismo, según Manuel Rueda, es como sigue: En 1912 ocurrió la muerte del aviador francés Jules Vedrin, cuyas hazañas aéreas conocidas como Looping the loop, más un vuelo realizado por éste entre París y Madrid, le habían dado fama en su Francia natal. Virgil Díaz, suponiendo que su recién estrenado modo de escribir poesía tenía semejanza con los actos acrobáticos de Vedrin, no vaciló en bautizar su nuevo estilo con el apellido de dicho artista, de donde se deriva la palabra Vedrinismo. Pero esa explicación no fue lo suficientemente convincente como para lograr que su proyecto ganara adeptos. En consecuencia, él mismo tuvo que asumir el rol de dirigente, miembro único y simpatizante del Vedrinismo. Con eso Vigil Díaz no estaba saliéndose de la práctica común de la Europa de aquellos días, donde era prácticamente imposible encontrar movimientos vanguardistas cuyos nombres tuvieran explicaciones lógicas y convincentes capaces de trascender las aspiraciones personales de sus creadores.

Algunos de los movimientos vanguardistas lograron proyectarse fuera de sus entornos geográficos; otros, generalmente los más localistas, quedaron sólo como patrimonios nacionales, y los más egocéntricos apenas sirvieron para satisfacer el ego de sus propulsores. A este último grupo pertenece el Vedrinismo. El siguiente juicio de Vigil Díaz así lo confirma: "Siempre me he empeñado en no perder el pensamiento y la palabra que me da con lealtad y exactitud la medida de mi sensibilidad, mi música íntima, la conservación intacta de mi yo..." Vigil Díaz no elaboró ningún tipo de proclama ni de manifiesto ni tampoco propuso un programa de grandes aspiraciones, como era propio de los vanguardistas. (Martínez, 1996).


Los ideólogos de los mismos siempre encontraron cómo justificar sus ingeniosas y audaces pirotecnias formales y verbales. Ni los cubistas(Francia, 1906), transformadores de la plástica y de la literatura por un largo período; ni los futuristas (Italia, 1909), con los revolucionarios y, ocasionalmente, crueles planteamientos de Marinetti; tampoco los expresionistas (Alemania, 1910), que trataron de llegar alcanzarla más profunda esencia humana por medio de casi todas las manifestaciones artísticas; ni mucho menos los dadaístas (Suiza, 1916), encabezados por Tristán Tzara y quien consobrada solemnidad decía que Dadá no tenía ningún significado, pudieron dar explicaciones verosímiles sobre los nombres de sus movimientos. Algunos de los movimientos vanguardistas lograron proyectarse fuera de sus entornos geográficos; otros, generalmente los más localistas, quedaron sólo como patrimonios nacionales, y los más egocéntricos apenas sirvieron para satisfacer el ego de sus propulsores. A este último grupo pertenece el Vedrinismo. El siguiente juicio de Vigil Díaz así lo confirma: "Siempre me he empeñado en no perder el pensamiento y la palabra que me da con lealtad y exactitud la medida de mi sensibilidad, mi música íntima, la conservación intacta de mi yo..." Vigil Díaz no elaboró ningún tipo de proclama ni de manifiesto ni tampoco propuso un programa de grandes aspiraciones, como era propio de los vanguardistas. El planteamiento estético o lo que podría considerarse como tal está condensado en los siete párrafos que componen el prólogo de Galeras de Pafos.

El modernismo afronta su primer flagelo en 1917, cuando se inicia el primer movimiento renovador de la poesía dominicana, el 10 de noviembre de 1917 con el poema “Arabesco”, se inicia en la revista “La primada de América”, el vedrinismo, comandado por Otilio Vigil Díaz, único representante (por lo menos hasta el lapso que se considera duró el vedrinismo), pues mucho tiempo después se uniría a esta tendencia Zacarías Espinal, como el único adepto del vedrinismo, quien cultivó una poesía letrista basada en sonoridades.
El vedrinismo no recibió apoyo del vulgo para trascender, pues era un movimiento atrevido para lo que el crítico estaba acostumbrado a escudriñar, y también porque fue la primera renovación en toda Latinoamérica, por lo que era algo novedoso desde toda perspectiva; hay que resaltar que  en ese contexto el país estaba más atento a la situación político-social, ante una inminente ocupación norteamericana. Sin embargo, el vedrinismo tiene un mérito insoslayable en la literatura dominicana, especialmente en la poesía, es la introducción del verso libre y por tanto de la vanguardia, elementos que marcaron la modernidad poética en nuestra literatura. Los textos más representativos del vedrinismo fueron: “Galeras de pafos”, “Góndolas”, “Miserere patriótico” (Candelier, 2013).

Postulados del Vedrinismo
Yo he tendido, por supervisión instintiva, realizar la ambición de que habla el divino poeta Baudelaire a Arsenio Haussaye: a la ambición de soñar con una prosa poética, musical, sin ritmo ni rima, bastante flexible y bastante trunca para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del sueño y a los sobresaltos de la conciencia.
    

              Peter Altemberg aconseja: "ante todo, escúchate a ti mismo, da oídos en ti, a tu propia voz; no tengas vergüenza de ti mismo; no te dejes asustar por tus sonidos, aunque sean desacostumbrados, con tal que sean tuyos: ten valor para tus desnudeces; pinta a un hombre en una frase; un suceso del alma en una página; y un paisaje en una palabra."
     
            Siempre me he empeñado en no perder el pensamiento y la palabra que me da con lealtad y exactitud la medida de mi sensibilidad, mi música íntima, la conservación intacta de mi yo: y por lo demás y los demás, que derrame su veneno el crótalo y su baba el caracol.
              Por lo que toca a la estética del futuro, ésta será a métrica, astringente y wagneriana, por no decir que será divina armonía del desorden.
     
             Es pertinente advertir que mis poemas, aquellos que adoro de hinojos, venidos de profundidades misteriosas, los más complicados, los que piden la camisa de fuerza, y que conservo inéditos, para deleirlos más tarde en azul, a través de mis flautas de París, unos fueron escritos en Francia; otros, los más, hace dos lustros sin influencias ni calcomatismos.
     
             ¿Galeras de Pafos?... Afroditas, Melitas, Lesbias, Hetairas y Pallakas. Yncubos y Subsubos. Sadismos y  Masoquismos. Sátiros y Bacantes coronados de pámpanos. Eurítmicos efebos deshojando rosas. Lechos de sándalo y marfil. Simiente. Palomas blancas y vasos de perfumes. Tiríbulos y crepitantes y embriagadoras sandácaras. Cráteras de Hidromiel. Liras y flautas. Anforas de vino color sangre y de topacio.
Esclavos, remos de plata, y velámenes resumando púrpura sobre las ondas azules y espumosas del ponto que arrulla y refresca la isla maldita de Chipre. Pues nada de esto; el título de este libro, nada tiene que ver con el alma de este libro, que es casi inofensiva, transparente y sencilla como una campiña; es simplemente el cumplimiento de un canon parnasiano: todo título debe ser bello, poco importa que no diga nada.

















Postumismo

Movimiento literario aparecido en Santo domingo en 1921. El Postumismo cambió radicalmente el sentido del discurso poético dominicano. A partir de éste se comenzó a hablar de poesía dominicana tradicional y de poesía dominicana moderna, debido a que los postumistas pusieron en práctica una nueva forma de poetizar la realidad dominicana. El Postumismo ha sido definido por los mismos postumistas y, también, por sus detractores. Domingo Moreno Jiménez, iniciador y líder principal del grupo, lo interpreta como "una actitud del espíritu expresada por medio de un acento emocional, en oposición al acento periódico".
A pesar de lo que se diga, la recepción del postumismo fue casi masiva en los círculos literarios de la capital, Santiago, San Pedro de Macorís y El Seibo, para no mencionar otras ciudades donde el peregrinar de un apostolado mesiánico llevó a Domingo Moreno Jiménez, a otros miembros prominentes y adeptos del grupo (Céspedes, 1985).

En Domingo Moreno Jiménez: apóstol de la poesía, José Rafael Lantigua expresa que "el Postumismo es fuente creadora, manantial de convicciones claras, quizás no muy precisas, pero sí evidentemente diáfanas. Nada de ocultamientos, ni de malabarismos. Creación hacia un fin determinado, con el que da la naturaleza misma". Baeza Flores, por su parte, lo concibe como: "Liberación a través de la autenticidad de la expresión propia". "El Postumismo descubre de un modo amplio, por primera vez, la tierra dominicana, el sentido racial y el sentido morfológico de nuestra realidad.
El realismo no está ahora determinado por unas normas preceptivas ni por modelos a los cuales hay que ser fiel, sino por el impulso del alma del poeta en contacto directo con la realidad nativa".

El Postumismo apareció en marzo de 1921, cuando la revista Cuna de América, bajo el título de Postumismo, dedicó un número completo a la divulgación de un conjunto de poemas que se apartaban radicalmente de las normas y los patrones vigentes del quehacer poético dominicano. Seis años después, en 1927, apareció la revista El día estético, órgano de difusión del grupo. La reacción de los intelectuales de entonces fue inmediata pues sintieron que ese "pozo negro de la poesía dominicana", como irreverentemente denominó Patín Maceo al Postumismo, además de cuestionar la castidad y la pureza de la poesía que se había escrito en el país, ponía en peligro el futuro de las letras nacionales.
Los poetas postumistas pertenecían, pues, a la avanzada cultural de una importante red de activistas político-ideológicos que, durante la Ocupación y después de esta, se dedicaron a realizar un intenso e intensivo trabajo de consolidación del campo nacionalista en todo el país. Desde este punto de vista, casi parece lógico que la publicación del “Manifiesto postumista” haya tenido lugar el mismo año de la fundación de la Asociación Literaria Plus-Ultra, la cual inició sus actividades, bajo la dirección de Manuel Arturo Peña Batlle, el 20 de noviembre del mismo año de 1921. Y como nos lo recuerda Paulino:  Algunos de los miembros de Plus-Ultra pasaron al Paladión a partir del momento en que sus integrantes, encabezados por Peña Batlle, se integraron al Partido nacionalista de Américo Lugo (Paulino, 2010).
En el mismo año l92l, en el prólogo a su primer poemario titulado Fantaseos, Andrés Avelino dio a la publicidad el manifiesto postumista preparado por él. El documento, de unos veinte postulados, anunciaba, según los postumistas, la ruta que debía seguir la poesía dominicana a partir de ese momento. A pesar de que en el primer número de El día estético aparecieron los nombres de Vigil Díaz, Francisco Ulises Domínguez, Federico Lora, LuisMota y Tulio Pina, el Postumismo creció alrededor de tres figuras claves: Domingo Moreno Jiménez, Rafael Augusto Zorrilla y Andrés Avelino, quienes se reunían en la Colina Sacra, nombre con que fue designado el hogar de Domingo Moreno Jiménez, a discutir los planes de trabajo e intercambiar sus escritos.

Sin embargo, en su ensayo, Paulino Ramos menciona un dato que no manejan ni Céspedes ni Lantigua. Se trata de la participación de Moreno Jiménez como profesor de Literatura en la efímera Universidad Popular y Libre del Cibao, creada por iniciativa de Juan Isidro Jiménez Grullón en los salones de la Sociedad Amantes de la Luz de la cual él era presidente. Dicha universidad funcionó hasta 1933, cuando la Sociedad Amantes de la Luz de Santiago cerró sus puertas por falta de recursos, aunque, como apunta el mismo Paniagua: «la represión era la principal causa de lo que estaba aconteciendo, ya que las autoridades redujeron la ayuda que entregaban a la institución (Paulino, 2010).
Los enemigos del Postumismo fueron implacables con los postumistas y se propusieron la inmediata destrucción del grupo. Para lograrlo, alimentaron con sarcasmo e ironía soterrada, la idea de que Moreno Jiménez era el Sumo Pontífice de los postumistas, mientras que Zorrilla y Avelino eran apenas Pontífices.
Eso, como era de esperarse, causó malestar y aumentó los conflictos que ya se reflejaban en el grupo antes de cumplir el primer año. El primer aniversario fue celebrado con una bebida especial preparada por ellos mismos hecha a base de agua de coco, jengibre y leche condensada, que bautizaron con el nombre de lactopalma y que tomaron acompañada de exóticas comidas y dulces de pétalos de rosas. Al concluir dicho acto lanzaron al aire todos los pétalos de rosas restantes.

La revalorización de la obra de importantes figuras dominicanas (Domingo Moreno Jiménez (sic), Héctor Incháustegui Cabral, Pedro Mir, etc.) que nos hemos visto obligado a emprender obedece a que la crítica para la que ellos fueron sujetos no aplicó los instrumentos de medición apropiados para situar su producción en su justo valor y no deseamos que algo similar ocurra ahora con nosotros (Francisco, 1969).

Después de la celebración del primer aniversario, los postumistas fundadores comenzaron a distanciarse entre sí, y a los ataques de sus detractores se sumaron contradicciones estéticas y problemas de liderazgo. Zorrilla, que nunca exhibió grandes dotes poéticas, murió en l937, dejando una obra breve y de cuestionable valor literario. "Dos años antes de su muerte varios integrantes de La Cueva, dirigidos por Rafael Américo Henríquez, emprenden una cruzada para alentarlo en su soledad otorgándole el título de Sumo Pontífice, tras arrebatárselo a Moreno Jiménez". Por su parte, Andrés Avelino, interesado en cambiar el curso de su poesía, intentó crear otra tendencia poética: la Poesía matemática. El nuevo proyecto de Avelino pereció rápidamente y su afirmación de que "la poesía matemática era esencia del Postumismo" fue rechazada inmediatamente por Moreno Jiménez.
De los tres sólo Moreno Jiménez continuó los lineamientos poéticos postumistas. Para desarrollar un amplio y ambicioso programa de difusión de sus ideas innovadoras Moreno Jiménez se apoyó en el acápite marcado con la letra G del manifiesto postumista, que dice: "Los poetas no seguirán siendo seres privilegiados y desconocidos de la multitud, camino del ensueño, sino seres videntes, camino de la verdad, pensadores y filósofos". Con esa convicción y el título de Sumo Pontífice, Moreno Jiménez inició una larga caminata que lo llevó por casi todos los rincones del país. De ese modo el Postumismo se convirtió en un movimiento de amplia difusión y ganó seguidores en todo el ámbito nacional. A partir de entonces Postumismo y Moreno Jiménez se convirtieron en sinónimos. 

La concepción ética de la vida en Moreno Jiménez no es solamente la ética del cristianismo pregonado por Jesucristo sino que las sentencias que adopta tienen el rasgo de ser universales y propias de todas las religiones que tienen por estrategia la conciliación y la reconciliación de los sujetos en torno al mantenimiento del orden natural y divino» (Céspedes, 1985).

Los postumistas no lograron íntegramente los objetivos de su extenso manifiesto debido al poco tiempo de unidad del grupo y a las limitaciones artísticas de sus integrantes. El rechazo a la tradición poética anterior y el interés de desligarse de todas las manifestaciones literarias son solo dos de los muchos obstáculos que impidieron la proyección internacional del Postumismo. Al respecto, señala Alcántara Almánzar, los postumistas "desconocieron los valores cimeros de la literatura universal, a consecuencia de haber utilizado una perspectiva demasiado estrecha. El desdén por las obras de Homero, Shakespeare, por ejemplo, no era más que el resultado de una actitud equivocada ante la complejidad y riqueza de la cultura, para la cual no existen límites geográficos ni regiones totalmente cerradas a la influencia externa. Cuando el postumismo afirma que América debe superar a la Europa, olvida la importancia de la tradición".

Un sector de los dominicanos históricamente cómplice del poder extranjero se acomodó a la nueva situación y desde 1916 comenzó a disfrutar de las migajas del poder foráneo, pero otros no. La respuesta a la dictadura militar, que llevó a Américo Lugo, a Fabio Fiallo y a Francisco Prats-Ramírez a la cárcel, para solo citar a tres ejemplos, fue la organización de agrupaciones políticas y culturales nacionalistas que integraron a los sectores anti-intervencionistas: la Unión Nacional Dominicana, la Junta Nacionalista, el Movimiento Postumista, Plus Ultra y el Paladión fueron algunas de ellas (Paulino,  2010).

Las críticas mal intencionadas y el menosprecio de la élite intelectual dominicana han intentado sepultar el aporte del Postumismo. Pero muchos de los que lanzaron las más agudas críticas a ese grupo de revolucionarios de la poesía, luego se han retractado. Incháustegui Cabral apunta: que "los que negaron el agua y la sal a los postumistas aprendieron que el verso amorfo era una especie de monstruo medio prosa medio verso y que allí, a pesar de todo, podía llover poesía" .Con el paso de los años el Postumismo ha sido reconocido como el salto más importante que ha dado la poesía dominicana a la modernidad. Así lo confirman los siguientes juicios críticos:
a) "Todavía no nos cansamos de admirar a Domingo Moreno Jiménez, quien tuvo la osadía de incluir por primera vez en la poesía culta dominicana elementos de nuestro diario vivir teñidos de correspondiente color criollo”.
b) "Los postumistas rompieron con el verso de medida pareja, con las combinaciones aceptadas en las medidas dispares, con la colocación de los acentos que se consideraba buena, con las estrofas hasta ese momento usuales, y con la rima. Renegaron a las posibles ordenaciones de versos que hubieran logrado pasar y en general con todo lo que ya era tradicional en la manera de trovar",
c) El Postumismo "trae grandes cambios a la poesía dominicana enriqueciendo su temática y afanándose en redescubrir nuestra realidad ambiental, reflejándola en un estilo desacostumbrado" "No obstante sus fallos, el Postumismo ofrece ciertos criterios vigentes en la poesía contemporánea universal. La afirmación de que no existen vocablos poéticos, para comenzar, es uno de sus aciertos loables"
Uno de estos matices, fundamental e indisociable de la ética de Moreno Jiménez, es su rechazo a toda suerte de compromiso empírico con el mundo (tanto Céspedes como Lantigua subrayan, desde sus respectivos puntos de vista, este aspecto particular de la personalidad de Moreno Jiménez). Según Céspedes, es en esa huida de la confrontación con la vida, con lo cotidiano y lo profano donde descansa su concepción literaria, no su práctica del poema, la cual es trabajada sin embargo por la metafísica del signo(Céspedes, 1985).
Moreno Jiménez también contribuyó a la formación del grupo La Poesía Sorprendida; pero pronto entró en contradicción con los sorprendidos quienes habían iniciado una campaña de desprestigio contra él. Lo acusaron de poeta localista, pobre de imaginación y poco diestro en el manejo del lenguaje. Las contradicciones entre Moreno Jiménez y los sorprendidos surgieron por la forma que tenía el grupo naciente de concebir la obra artística, pues mientras Moreno Jiménez luchaba por una poesía nacional, esencialmente dominicana, los sorprendidos abogaban por la universalización del arte. Sin embargo, los sorprendidos no pudieron obviar el legado postumista; pues si bien es cierto que éstos tuvieron una visión poética más amplia que los postumistas acerca de la problemática del hombre dominicano, las raíces de su poesía procedían justamente del mismo grupo que ellos combatían.

Es claro que hay una relación entre la vida y la obra de un escritor pero esa relación nunca es simple. La vida no explica enteramente la obra y la obra tampoco explica a la vida. Entre una y otra hay algo que está en la obra y que no está en la vida del autor; ese algo es lo que se llama creación o invención artística y literaria. El poeta, el escritor, es el olmo que sí da peras (Paz, 1982).



La poesía sorprendida
Al llegar a la década del cuarenta la antigua ciudad de Santo Domingo de Guzmán ha sido sustituida por el nombre de Ciudad Trujillo. En honor al dictador y sus calles y parques principales bautizados de nuevo, honran a los hijos y parientes del Generalísimo. Las costas caribeñas infectadas de submarinos alemanes, no permiten que se olvide que en un lugar no tan remoto el mundo se desangra en una lucha violenta.

La dictadura trujillista se encontraba en el apogeo de su poder y su gobierno controla todos los aspectos de la vida dominicana. Se vivía un clima espantoso y un momento verdaderamente difícil, en particular, apresa el intelectual dominicano, que no puede escapar de este ambiente de opresión moral y material. No obstante, los primeros años del decenio se caracterizan por una incesante producción literaria de obras de primera calidad como Poemas de una sola angustia, Compadre Mon, Trópico negro, y Yelidá.

El mundo dominicano en esta época recibe el estímulo de una colonia de republicanos españoles exiliados que se integran a la vida cultural del país. Entre ellos se destacan Vicente Lloréns Castillo, catedrático de filosofía y literatura española, discípulo de Menéndez Pidal  Segundo Serrano Pónsela, poeta y editor de la revista Panorama en Santiago de los Caballeros y colaborador a La poesía sorprendida.
 Moreno Jiménez apareció en los primeros números de la revista La Poesía Sorprendida, No obstan-te, desde la reunión inicial para la formación de dicho grupo, éste fue excluido del mismo. Baeza Flores y Lebrón Saviñón se reunieron con Franklin Mieses Burgos, Freddy Gatón Arce y el poeta y pintor  español Eugenio Fernández Granell y, bajo el lema de "Poesía con el hombre universal", dejaron formalmente constituido el grupo (Omar, 2013). 

Alberto Baeza Flores y su importancia en las letras dominicanas.
En el 1843, Baeza Flores llega a la vieja capital colonial como agregado a la Delegación Chilena. Trae consigo un gran entusiasmo y una colección de revistas  y manifiestos surrealistas que está ansioso de compartir. Baeza Flores asiste a una de las conferencias de la Sociedad Alfa y Omega y logra entablar amistad con el joven poeta y estudiante de medicina Mariano Lebrón Saviñón, poeta negrista. Baeza quedo profundamente impresionado por su juventud y la calidad de sus versos, se acerca a él.  A partir de esos momentos impulsados por un profundo interés en la difusión de la poesía, deciden dar una  lectura de poesía a dos voces en la Sociedad Alfa y Omega.
Es a partir de este momento en que la poesía dominicana a través de esta generación de poetas comienza a abrir sus puertas  a las literaturas europeas. Ya los grupos La Cueva conocen la poesía de la generación del 2 y hay un vivo interés en el romance.
Varios entre ellos Mariano Lebrón Savinón leen el francés y el inglés y su biblioteca necesaria incluye los maestros franceses simbolistas y los surrealistas.
La poesía sorprendida se percibe como producto de preocupaciones internas e individuales. La esencia poética, además, se le escapa a la palabra que muchas veces debe permanecer muda para poder recogerla. Entonces los poetas comienzan a preocuparse por las limitaciones que ofrece el lenguaje.

Desde el principio los sorprendidos presentan una estética que se aleja del postumismo, preocupado desde sus orígenes por establecer la naturaleza poética de los elementos  y el habla más humilde dominicana.

La Poesía Sorprendida publica su primer número en octubre de 1943. Desde su nacimiento la revista declara su intención de abrir las puertas de las letras dominicanas a la tradición literaria mundial Estamos por una poesía nacional nutrida en lo universal, única forma de ser propia; con lo clásico de ayer, de hoy y de mañana; con la creación sin límites, sin fronteras y permanente; con el mundo misterioso del hombre, universal, secreto, solitario e íntimo, creador siempre.

Estamos contra toda limitación del hombre, la vida y la poesía: contra todo falso insularismo que no nazca de una nacionalidad universalizada en lo eterno profundo de todas las culturas: contra  la permanente traición a la poesía y sus permanentes traidores por corta visión.
El planteamiento básico de los sorprendidos se apoyaba en la universalización del arte. De ahí que su postulado principal fuera: "Estamos por una poesía universal única forma de ser propia; con lo clásico de ayer, de hoy y de mañana; la creación sin límites, sin fronteras y permanente; con el mundo misterioso del hombre, universal, secreto, solitario e íntimo, creador siempre".  Los sorprendidos no rechazaron  el pasado ni  negaron los aportes de las culturas y las literaturas extranjeras como lo habían hecho  sus  antecesores. Al contrario, estaban conscientes de que la poesía dominicana debía abandonar el localismo folklórico que la identificaba y acercarse más a lo universal. Las relaciones internacionales y el intercambio con importantes escrito-res europeos, latinoamericanos y caribeños de la época, entre ellos Juan Ramón Jiménez, Emilio Ballagas, Eliseo Diego, Jorge Guillén, Cintio Vitier, Lezama Lima, Ramón Guirao, etc., puso a los poetas sor-prendidos en contacto con la mejor poesía y los más importantes movimientos literarios de aquellos años. Eso los mantuvo al tanto de lo que se estaba escribiendo en otros países de habla española (Omar, 2013). 
La revista dura casi cinco años en los que se publica veintiún números, caso ya de bastante mérito dentro del ambiente cultural hispanoamericano de entonces donde pocas revistas obtienen esa longevidad.

Según Anderson Imbert, La Poesía Sorprendida es el acontecimiento cultural y literario de la década de los cuarenta en la vida dominicana. En ningún momento hasta entonces ha tenido la literatura dominicana esa relación sostenida con las literaturas de América. Pedro Salinas y Andrés Bretón se detienen en la isla  entusiasmados por la labor de esos jóvenes amantes de las letras que luchan por mantener su espíritu.

Los sorprendidos reciben también el Tercer cántico de Jorge Guillen que publican en la colección “El desvelado Solitario” en septiembre de 1944 y que se reparte junto al número doce de La Poesía Sorprendida. Reciben además carta de JuanRamón Jiménez en la que afirma interés en la labor de los jóvenes y solicita los números de las revistas publicadas.

Además de poner la literatura dominicana en el mapa literario del momento, los sorprendidos trabajan para fomentar el interés  y la difusión del país no sólo de las letras dominicano sino universal. Se ofrecen veladas y lecturas poéticas en salones y parques.
Los poetas dominicanos en La Poesía Sorprendida. Son:
Rafael Américo Henríquez (1899-1968), Manuel Lanes (1899), Franklin Mieses Burgos (1907-1976), Aida Cartagena Portalatín (1918-) Manuel Valerio (1918)
Freddy Gatón Arce (1920), Manuel Rueda, (1921), Mariano Lebrón Saviñon.(1922), Antonio Fernández Spencer (1922).
Entre los poetas sorprendidos destacaremos los que consideramos de más relevancia dentro del grupo: Franklin Mieses Burgos forma parte de la dirección de la Poesía Sorprendida desde su concepción a la clausura. Su casa llegó a ser “La casa de La Poesía Sorprendida”. Sus poemarios: Clima de eternidad y Sin mundo  ya y  herido por el cielo. En 1951 Brigadas Líricas de Montevideo.

Aída Cartagena de Portalatín. La voz femenina de La Poesía Sorprendida Conocida como la Ilustre escritora. Nació en Moca, República Dominicana en 1918. Poeta, novelista y cuentista. Dio a sus escritos un impulso de contenido lírico. Egresada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y diplomada en Artes  de la Universidad de Lowrce, de París. Siempre vivió comprometida con la vida literaria dominicana.

Aída Cartagena de Portalatín publicó de poesía: Víspera del sueño, Del sueño al Mundo, Mi mundo el Mar,  Una mujer está sola.  Llámalo verde Novela Escalera para Electra, La tarde en que  murió Estefanía. Ensayos. Cultura Africana Rebelde con Causa, Narradores dominicanos.

En 1961 crea Brigadas Dominicanas y La Colección Baluarte en las que emprende la tarea de hacer conocer la literatura de protesta al gobierno de Trujillo. Pública Vísperas del sueño. Del sueño al mundo y Llámalo verde en la colección  El Desvelado Solitario de Poesía Sorprendida. En la Colección La Isla Necesaria aparecen sus obras Mi mundo  el mar, José Vela Zanetti y Una mujer está sola.  Brigadas Dominicanas publica sus obras Escalera  para Electra y La voz desatada.  Murió en Santo Domingo  el 3 de junio de 1994.

Manuel Rueda, nació en San Fernando de Monte Cristi, el 27 de agosto del 1921. Pianista, poeta, ensayista, dramaturgo, músico, crítico, folklorista y en el género lírico, excelente sonetista. Rueda, artista sumamente versátil es colaborar en La Poesía Sorprendida  a la vez que celebrado concertista. Ha publicado una obra muy extensa  que incluye: Las noches y Tríptico 1949, Santiago de Chile: Las noches, 1953, Colección La Isla necesaria: La trinitaria blanca, Premio Nacional de Literatura, 1957 La criatura terrestre, 1966; Adivinanzas dominicanas, 1970; Conocimientos y poesía en el folklore, 1971 y otras.

Lleva el tema negroide a su creación “Cantos de la frontera”, extenso poema publicado con el cuaderno “La Criatura Terrestre”. Insertó en la poesía un “tema modular” hasta ese momento sólo tratado por pensadores políticos y sociólogos y que atañe a la esencia misma de la nacionalidad dominicana, los motivos negroides, son sustancias de profunda meditación, pero con cierto aire esperanzador. “Cantos de la Frontera” viene a ser en la poesía dominicana “Un Muestrario de Poesía Social”.

En sus obras Rueda revela el paisaje, la tragedia, la aridez la soledad y el desamparo de su norte natal. Además ha incorporado a la Poesía Dominicana una nueva y variada temática que es recogida y continuada por poetas más jóvenes. “Visita a un centenario abandonado” abarca la interpretación de temas religiosos y mágicos, así como otros destinados a iluminar nuestra más intima realidad.

Manuel Rueda es también uno de los fundadores del Teatro Moderno Dominicano con su obra “La Trinitaria Blanca” por la que merece el premio de teatro en 1957. Varias de sus obras han sido representadas en el extranjero.
Fue miembro de la Academia Dominicana de la Lengua, condecorado con la orden de Duarte, Sánchez y Mella, por el gobierno dominicano.
En 1994 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura, y en 1995 el Premio Anual Novela y el Premio de la Casa del Escritor, ambos por su novela “Bienvenida y la Noche”.
Antonio Fernández Spencer fue colaborador y luego más tarde uno de los editores de La Poesía Sorprendida. Edita en 1947 la revista Entre las soledades en las que continúa las preocupaciones y el formato de La Poesía Sorprendida. Su obra extensa incluye: Vendaval, publicaciones de La Poesía Sorprendida: Bajo la luz del día, (1952) Nueva poesía dominicana, (1953: A orillas del filosofar, (1960) Los testigos, (1962)

Verso libre

Vigil Díaz introduce la modernidad al crear el verso libre y el poema en prosa con sus libros Góndolas (1912) y Galeras de Pafos (1921). Después de él, la poesía dominicana vive otro gran momento representado por Domingo Moreno Jiménez, al fundar, junto al filósofo Andrés Avelino y al poeta Rafael Augusto Zorrilla, el postumismo, en 1921.
De regreso a la República dominicana fundó el Vedrinismo, primer intento de movimiento literario de vanguardia en la República Dominicana que abogó por la introducción del verso libre a la poesía nacional. A pesar de ser el único representante del Vedrinismo Vigil Díaz logró, con la publicación del poema "Arabesco" en 1917, que la poesía dominicana diera sus primeros pasos hacia la modernidad (Gutiérrez, 1998).
Redactan un manifiesto en el que niegan las vanguardias y favorecen una poesía de carácter nacionalista que rescate el color local, el paisaje y la identidad del hombre dominicano. Con el postumismo la tradición poética dominicana se renueva y sacude para incubar nuevas voces que la fortalecen.
              La forma de plasmar los sentimientos, sin rima, sin ritmo y con furos, es el versolibrismo. 
             Es expresar en lírica, en épica, sin regla alguna, pero el poeta libre debe de coordinar para hacer su historia, una maravilla. 

             La diferencia está en la rima, puesto que la poesía libre funciona también con figuras retóricas de la literatura, versos, estrofa. 

Verso libre es una nueva expresión de decir las cosas rápidas, precisas y concisas, ideas con respeto, con ganas, de denuncia...
Su lenguaje es normal emplease a cualquiera de los significados de los usos del leguaje.















Literatura de la República Dominicana 

Literatura de la República Dominicana hace referencia a las obras escritas en el país o fuera de él por escritores dominicanos, ya sea por nacionalidad o ascendencia. Aunque sólo puede hablarse con rigor de literatura dominicana en relación a las obras escritas tras la independencia del país, se acostumbra incluir la producción literaria de la época colonial.

La literatura de República Dominicana continúa en flujo y en busca de mayor proyección dentro y fuera del territorio nacional, aunque los autores dominicanos han cultivado las variadas manifestaciones del quehacer literario, reflejando en sus obras la mezcla de elementos españoles, africanos e indígenas que se da en el Caribe y la influencia de sucesivas emigraciones por motivos políticos y económicos.
Luego vendrían José Joaquín Pérez, Manuel de Jesús Galván, Nicolás Ureña el que el almirante describe el paisaje y los pobladores de América Cristóbal de Llerena escribe el entremés Octava de Corpus Christi y, durante la etapa colonial, Leonor de Ovando escribe algunos sonetos, por lo que se le considera la primera mujer en escribir poesía de este lado del mundo.

Según (Alcántara, 1996) Durante mucho tiempo se ha discutido entre nosotros si existe o no una tradición novelística en la República Dominicana. Algunos críticos opinan que dicha tradición existe y se remontan a los años de la primera república para explicar, con ejemplos de aquella época, la emergencia de una novela en la que confluyen la leyenda, el poema épico y la descripción naturalista.
Otros niegan esa tradición, diciendo que la novela ha sido, para muchos escritores, un quehacer ocasional al que se han dedicado con mayor o menor constancia. Aunque este no es precisamente el espacio para discutir la validez de ambas posturas, conviene precisar que una revisión de la lista de novelas publicadas evidencia que esa área de la narrativa no sólo ha sido abundante en cada una de las vertientes de la tradición hispanoamericana (histórica, costumbrista, criollista, social, entre otras), sino también continua, y que podemos trazar una línea de conexión a través de la cual veríamos las afinidades temáticas, las rupturas, los saltos, y los procedimientos formales comunes.

La poesía, la novela, el cuento, el ensayo y la historia han expresado el discurrir político, social y económico del país que desde la hazaña del descubrimiento se ha impregnado de múltiples corrientes de pensamiento, sobre todo europeas y estadounidenses inicialmente, y del lejano oriente en las producciones de algunos escritores de finales del siglo XX.

La poesía ha tenido exponentes prominentes. El siglo XIX fue uno de los que más robustecieron el género, aunque el siglo XX fue todavía más prolífico y significó la evolución hacia su madurez, con el surgimiento de las vanguardias.
Aunque se desarrolló tardíamente, la novelística dominicana ha tenido y tiene exponentes importantes en el país, aunque su desarrollo no ha escalado como las otras manifestaciones literarias.
Surgió bajo la influencia del romanticismo francés de Víctor Hugo y acusa tres momentos importantes de acuerdo a su tipología y temática: la “novela de la caña”, la “novela bíblica” y “novelas costumbristas”.

El cuento ha tenido más trascendencia que la novela. El aporte de Juan Bosch, maestro del género en Hispanoamérica, ha sido fundamental. El escritor y político escribió tres significativas colecciones de cuentos tituladas Cuentos escritos antes del exilio, Cuentos escritos en el exilio y Más cuentos escritos en el exilio. El cuento moderno se inicia en la segunda fase del siglo XIX, es decir, tardíamente, a juzgar por otros países.
Durante décadas, los intelectuales dominicanos han tenido en el ensayo un escenario que han ampliado y desarrollado con talento. Destacan los ensayos políticos de los independentistas, los conservadores y los restauradores. Uno de sus mejores exponentes en la arena internacional fue don Pedro Henríquez Ureña, reconocido autor de ensayos académicos sobre temas literarios.

La pasión local por los temas históricos, sobre todos los que abordan el tema de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y otros episodios políticos trascendentales, ha influido en el desarrollo de historiadores de fuste en diferentes épocas de la República.
La Fundación Corripio y la Secretaría de Estado de Cultura otorgan cada año el Premio Nacional de Literatura para reconocer el quehacer literario en el país.

Después de la poesía, la narrativa breve ha sido una de las más cultivadas en el país a lo largo de ciento cincuenta años de historia republicana. En este apartado reunimos textos que van del realismo costumbrista decimonónico a las audaces versiones fantásticas que bordean la literatura del absurdo, formando un conjunto DOS SIGLOS DE PROSA DOMINICANA (S. XIX-XX) 13 heterogéneo cuyas conexiones hay que buscarlas en la parentela epocal, los vínculos temáticos y los procedimientos escriturales.

Este volumen recoge una amplia muestra de escritores dominicanos de los siglos XIX y XX que se han distinguido en el campo de la narrativa breve. Entre los del siglo pasado prevalecen las tradiciones basadas en creencias o sucesos históricos, la estampa folklórica o costumbrista, y el cuento romántico, de corte amoroso o sentimental (Alcántara, 1996).

Según el escritor Basilio Belliard, el momento más espléndido de la poesía dominicana del siglo XIX es el que conforman Salomé Ureña, José Joaquín Pérez y Gastón Fernando Deligne, tres pilares donde descansa la modernidad de nuestra poesía de la época en sus vertientes patriótica, indigenista y psicológica. Pero no es sino en el siglo XX cuando nuestra poesía alcanza la categoría de moderna, con el surgimiento de las vanguardias.

La poesía es el género más cultivado desde Manuel María Valencia, el primer poeta romántico, pasando por Fabio Fiallo y otros que asimilan las influencias de las corrientes literarias europeas, hasta la irrupción incipiente del Modernismo en tres figuras importantes como Valentín Giró, Ricardo Pérez Alfonseca y Osvaldo Bazil, cuyas influencias deDarío languidecen con la aparición del postumismo, hacia 1921. Tal es el caso de Otilio Vigil Díaz, quien introdujo de las vanguardias en las letras dominicanas y fue gran renovador de la lírica nacional, influido por el simbolismo francés. Así, funda el primer movimiento poético de carácter unipersonal, al que se le sumó Zacarías Espinal y al que denominó "vedrinismo", llamado así porque en sus versos intentaba hacer las piruetas que hacía en el aire un aviador francés de nombre Jules Vedrines.

Vigil Díaz introduce la modernidad al crear el verso libre y el poema en prosa con sus libros Góndolas (1912) y Galeras de Pafos (1921). Después de él, la poesía dominicana vive otro gran momento representado por Domingo Moreno Jiménez, al fundar, junto al filósofo Andrés Avelino y al poeta Rafael Augusto Zorrilla, el postumismo, en 1921. Redactan un manifiesto en el que niegan las vanguardias y favorecen una poesía de carácter nacionalista que rescate el color local, el paisaje y la identidad del hombre dominicano. Con el postumismo la tradición poética dominicana se renueva y sacude para incubar nuevas voces que la fortalecen.

A este movimiento le sigue la Poesía Sorprendida, el grupo más pujante y de una gran apertura estética, conformado por grandes poetas como Franklin Mieses Burgos, Mariano Lebrón Saviñón, Antonio Fernández Spencer, Aída Cartagena Portalatín, Freddy Gatón Arce, entre otros. Este conjunto de poetas tenía como lema la “poesía con el hombre universal”, contrario al postumismo.

Después le sigue la generación de los Independientes del 40, integrada por Manuel del Cabral, Héctor Incháustegui Cabral, Pedro Mir y Tomás Hernández Franco, los cuales publicaron poemas emblemáticos como Compadre Mon, Hay un país en el mundo, Poema de una sola angustia y Yelidá.

De los sorprendidos se desprende otro grupo de poetas antitrujillistas llamados la Generación del 48, conformada, entre otros, por Víctor Villegas, Máximo Avilés Blonda, Lupo Hernández Rueda, Luis Alfredo Torres, Rafael Valera Benítez y Abelardo Vicioso.

En los años sesenta, a partir de la caída del régimen de Trujillo, surgen los escritores de la Generación del Sesenta con Marcio Veloz Maggiolo, Ramón Francisco, René del Risco, Jeannette Miller y Miguel Alfonseca.En la misma década, y como consecuencia de la Guerra de abril del 65, surge el movimiento llamado Poetas de Postguerra (o Joven Poesía), con Mateo Morrison, Andrés L. Mateo, Enriquillo Sánchez, Tony Raful, Alexis Gómez Rosa, Enrique Eusebio y Soledad Álvarez, entre otros.
En los años ochenta aparece un movimiento poético en diversas tendencias haciendo tambalear el establishment literario del momento (el desencanto de post-guerra) sentando las bases para una ruptura (que no se produjo en lo inmediato) con aquella generación. El movimiento se dio en las direcciones siguientes: formación de grupos,(entonces sólo existía el Taller Literario César Vallejo), nuevas tendencias estéticas y de género.













Conclusión

Podemos decir que la literatura infantil es como una expresión artística, que utiliza, para expresarse, el instrumento universal de comunicación de las ideas: la palabra. Para que un escrito sea clasificado como literatura para la infancia, no basta con que encierre mensajes positivos, sino que, además, debe exaltar la fantasía y cultivar el gusto estético.
Se pudo apreciar a través de este material cada uno de los movimientos vanguardia surgidos en nuestro país como son el vedrinismo, postumismo y la poesía sorprendida. También asimilamos que el verso libre nace en el movimiento vedrinismo introducido y fundado por Otilio Vigíl Díaz y Zacarías Espinal.
Se puede apreciar la gran cantidad de escritores Dominicanos que aportaron para poder mantener estos movimientos aunque algunos no hayan durado más de un año pero los aportes literarios fueron magníficos.






Referencia
·         Alcántara A. J. (1979). Estudios de poesía dominicana. Santo Domingo, Editora Taller, Céspedes.
·         Candelier, F. L.( 2013, 12 de enero). La  renovación poética del siglo xx en república dominicana. Taller Literario Triple Llama. Recuperado de http://tallertriplellama.blogspot.com/2013/01/la-renovacion-poetica-del-siglo-xx.html
·         Céspedes, D. (1985). "Otilio Vigil Díaz"  en Lenguaje y poesía en Santo domingo en el siglo XX. Santo Domingo: Universidad Autónoma de Santo Domingo.
·         Contín A. N. (1983)."Otilio Vigil Díaz", en Historia de la literatura dominicana. Vol. 3. San Pedro de Macorís: Universidad Central del Este.
·         Fornerín, M. (2014, 04 enero). Los cinco grandes poetas dominicanos. Periódico Hoy. Recuperado de http://hoy.com.do/los-cinco-grandes-poetas-dominicanos/
·         Francisco, R. (1969). Literatura dominicana 60. Santo Domingo: UCMM.
·         Gutierrez, F. (1998). "Otilio Vigil Díaz", en Antología histórica de la poesía dominicana del siglo XX. Puerto Rico: Editorial de la Universidad de Puerto Rico.
·         Lebrón S. M. (1994) "Otilio Vigil Díaz", en Historia de la cultura dominicana. Vol. 2. Santo Domingo: Colección Sesquicentenario de la Independencia Nacional.
·         Martínez, R. (1996)"Otilio Vigil Díaz", en De las letras dominicanas. Santo Domingo: Editora Taller.
·         Omar, E. (2013, 26 de abril). Literatura dominicana. Mister profesor. Recuperado de http://misterprofesor.blogspot.com/2013/04/literatura-dominicana.html
·         Paulino R. A. (2010). El Paladión: de la Ocupación Militar Norteamericana a la dictadura de Trujillo. Santo Domingo. Academia Dominicana de la Historia, vol. XCII.
·         Paz, O. (1982). Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe. Barcelona: Editorial Seix Barral.