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Biografia de Camila Henriquez Ureña


Nació en Santo Domingo el  9 de abril de 1894. Ensayista, educadora y crítica literaria. Hija de los prominentes intelectuales Francisco Henríquez y Carvajal y Salomé Ureña de Henríquez. Vivió en Cuba des-de los diez años de edad hasta pocos antes de su muerte. Obtuvo su doctorado en Filosofía, Letras y Educación en la Universidad de La Habana en 1917. 

Además estudió en las universidades de Minnesota y Columbia en los Estados Unidos. Fue editora del Fondo de Cultura Económica de México (1946-1947) y asesora técnica del Ministerio de Educación de Cuba (1960-1962). Se desempeñó como catedrática de literatura del departamento de Lenguas y Literaturas Hispánicas de la Universidad de La Habana y de Vassar College, en los Estados Unidos. 
La Universidad de Santo Domingo en reconocimiento a su aporte a la cultura lati-noamericana, le confirió en título de Profesora Honoraria. Sus ensayos han sido publicados en Revista de Instrucción Pública, Ultra, Archipiélago, Casa de las Américas, La Gaceta de Cuba, Revista de la Biblioteca Nacional, Revista de la Universidad de La Habana, Revista Lyceum. Desarrolló una intensa labor como crítica literaria y conferencista y abogó por la integración de la mujer al quehacer intelectual. Fundó las agrupaciones femeninas Hispano-Cubana de Cultura y Lyceum, ambas en La Habana y tuvo a su cargo la vicepresidencia del Pen Club de Cuba.  La difusión de su obra en República Dominicana se inició después de su muerte. Murió en Santo Domingo el 12 de septiembre de 1973.

En 1970, tres años antes del deceso de Camila, me llamó la profesora Isabel Monal, hoy Premio Nacional de Ciencias Sociales, y entonces coordinadora del grupo de investigaciones latinoamericanas y caribeñas de la Facultad de Humanidades, para que junto a Mariana Serra, estudiante como yo del cuarto curso de la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas, nos reuniéramos con Camila para iniciar los estudios de los lazos que unían a las tres islas hispanohablantes de las Antillas: Puerto Rico, Santo Domingo y Cuba.
Así era Camila, la amiga entrañable de don Pedro Salinas, el gran poeta español, la colega en la docencia, en los Estados Unidos, de Tomás Navarro Tomás, la fraternal y gentil compañera de otro genio, el del Albert Einstein cuya foto, dedicada, atesoraba siempre, donde se le veía no ante su teoría de la relatividad, sino con el violín en las manos y la mirada perdida, la maestra que nos sembró el amor a la cultura y la responsabilidad ante la vida, la que quiso que todas nosotras fuésemos como ella, mujeres libres e inteligentes, con independencia económica, y criterio propio, la amiga y compañera del hombre y no su sierva ni su esclava.